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En el
desarrollo de habilidades como la musical, al igual que ocurre con el otras
aptitudes intelectuales, el componente genético es muy importante. Pero igualmente
de importante es la estimulación que recibamos durante los seis primeros años
de nuestra vida. Así que muchas veces la
expresión, ¡es que tengo mal oído!, se debe en parte a este factor, es decir, que
hayamos estado poco estimulados en la infancia y que nuestras neuronas no hayan
establecido las conexiones necesarias, para desarrollar nuestra inteligencia
musical.

